Turistas internacionales: cómo brindarles un mejor servicio
Algunas sugerencias diseñadas para ofrecer una experiencia de compra satisfactoria a los visitantes extranjeros.
06 | SEP | 2017

Para un turista extranjero, las barreras idiomáticas pueden ser infranqueables, incluso si un comercio cuenta con personal entrenado. Hay que tener en cuenta que también existen diferencias culturales que hacen que el retail alemán no tenga nada que ver con lo que puede encontrarse en nuestro país.

Cambian las gamas cromáticas, los estándares de exposición y envasado, el etiquetaje y algunas convenciones de las que el consumidor internacional puede no estar al corriente.


A continuación, una serie de buenas prácticas para pensar el retail enfocado en clientes internacionales y configurar un perfil más tourist-friendly en nuestros negocios.


Buscar el lenguaje visual en la señalética

Se trata de apostar por iconografía que sea comprendida por cualquier persona, sin importar su lugar de origen. Para ello se necesita un buen equipo de diseño gráfico e interiorismo.


Hay muchos casos que pueden sembrar el caos en la mente de un turista. Un ejemplo: si bien aquí entendemos que un icono de un tetrabrick de leche puede representar la sección de lácteos.

 

Pero en muchos países el envase más común para la leche es una botella de plástico con tapón. Una buena propuesta en este caso sería mostrar una vaca como icono y así es más es más fácil asociarla.


Ofrecer WiFi a los visitantes

El WiFi no solo atraerá personas que busquen conexión para actualizar sus redes, sino que les permitirá acceder de forma cómoda a recursos como el traductor automático, Google Maps o Google Images.

 

Un recurso muy utilizado por los turistas que no saben español es mostrar fotos de lo que buscan en sus celulares. Ahora, desde la página de Facebook de un establecimiento se puede notificar que ofrece WiFi a sus visitantes y atraerlos para que se conecten de forma sencilla, solo con un check-in que también proveerá visibilidad al negocio desde sus perfiles.


El sentido común como guía

Más allá de convenciones y buenas prácticas, cada persona cuenta con sentido de orientación y lógica. Un ejemplo muy claro de ello es la reflexión de Norman Foster cuando diseñó el aeropuerto internacional de Pekín: quería que el pasajero siempre viera dónde quedan las pistas porque, en última instancia, es donde tiene que dirigirse. De esta forma, se orienta sin demasiada ayuda en un espacio estresante y confuso por naturaleza.

Esta experiencia se puede replicar con check-outs visibles e indicaciones que permitan vistas generales del espacio. Así, se vuelve mucho más fácil comprender un establecimiento ajeno o nuevo para el cliente.


Mostrar productos o servicios con máxima facilidad

Uno de los sectores que atraen más al comprador extranjero es la moda. En las grandes tiendas se ve cómo decenas de turistas pasean entre las prendas como si fueran parte de un museo.

 

En realidad, comprar ropa es sencillo: está expuesta y desplegada, sin envases ni packagings. El producto se entiende por si solo: camisas, pantalones, vestidos, zapatos.


En cambio, la alimentación envasada o algunos productos de electrónica, por ejemplo, son todo lo contrario. Suele haber envases opacos, con exceso de información que dificultan la elección y con exceso de texto, en un idioma que el turista no entiende.

 

Apostar por el ready to go

Los mercados y ferias gastronómicas tradicionales deben dejar de venderse como una postal y apostar a facilitar las ventas. Para eso deben ofrecer raciones de fruta cortada, licuados o batidos para llevar, o productos ya envasados al vacío que no implican problemas de conservación. Así lograrán atraer más compras que cámaras de fotos.


Fuente: Flow.es