El comercio minorista y la necesidad de renovarse
La tecnología y los nuevos hábitos de consumo marcan el ritmo del mercado. La innovación es esencial para no perder competitividad.
10 | SEP | 2018

La irrupción de las nuevas tecnologías y su enorme capacidad transformadora exige cambios en la realidad del pequeño comercio. ¿Cómo seducir al cliente si este tiene en la mano toda la oferta comercial del mundo? Esa es la pregunta del millón que se hace el sector minorista.

 

Tecnología y cambio de hábitos

Después de la irrupción de las grandes superficies comerciales el siguiente gran cambio lo marcaron las plataformas de comercio a través de Internet. Los teléfonos inteligentes permiten consumar cualquier venta y desde cualquier lugar.

 

Las grandes cadenas lo saben y por ello tratan de fortalecer su músculo online, facilitando y mejorando la experiencia de compra a través de Internet. El resto de los formatos comerciales busca desarrollar la capacidad para adaptarse al cambio de hábitos de los consumidores y al auge del comercio electrónico.

 

En este contexto, el comercio de proximidad suele partir de una inferioridad de condiciones para competir en las circunstancias actuales.

 

Adaptarse para mantener competitividad

El cliente hoy quiere las cosas ‘ahora y ya’, porque la tecnología lo permite. Por este motivo, uno de los mayores retos del comercio es responder a esa inmediatez.

 

Pero el comercio como espacio físico sigue siendo atractivo, a pesar de la creciente preferencia por las compras online (una tendencia que exige mantener la competitividad).

 

Las principales razones por las que el cliente aún acude al comercio tradicional abarcan: el mayor conocimiento del producto o de la gama de productos, la posibilidad de saber la disponibilidad de un artículo en otros establecimientos asociados, la existencia de ofertas personalizadas y un ambiente atractivo.

 

Ante este panorama, el comercio minorista tradicional se ve en la necesidad de procurar los recursos tecnológicos que le permitan desarrollar una estrategia digital. Esto no quiere decir que debe migrar su negocio 100% al comercio online, pero sí definir un perfil comercial que consolide su competitividad.

 

Esto se logra potenciando sus atributos por medio de una integración con herramientas digitales, principalmente aquellas que favorecen el vínculo inmediato y sostenible con el cliente.