El comercio urbano y la magia de poder hablar
El vínculo que genera la atención personalizada, el diálogo y la cercanía sigue siendo un atributo clave de nuestros negocios.
07 | AGO | 2019

A pesar del avance de las compras y el consumo online, la identidad de nuestras ciudades se sigue nutriendo de la presencia de los pequeños comercios y los locales tradicionales. En ellos se congregan clientes de toda la vida y también algunos nuevos que los van descubriendo.

 

Abrir la puerta de un comercio local es sinónimo de cercanía, por el vínculo que se genera entre el cliente y quien lo atiende. Es muy gratificante que hacer una compra sencilla e intercambiar unas palabras más allá de la transacción. Ese trato directo es una de las principales ventajas que tienen los comercios de una ciudad, un pueblo o una calle.

 

Es verdad que las ventas que se realizan por Internet siguen creciendo y son cada vez más habituales para el consumidor tradicional. Pero también es cierto que las pymes comerciales se están poniendo a la altura de estas exigencias y desarrollan estrategias para estar presentes en el mundo digital que recorren sus clientes (actuales y potenciales).

 

Para completar la incursión online de la manera más exitosa posible hay que proceder de la manera más planificada posible. De esa manera, se evitará caer en errores que pongan en peligro nuestra reputación. O estaremos listos para solucionarlos.

 

Comprar a través de internet es sencillo, pero muchas veces genera problemas. Quizás un producto que el cliente necesitaba no resulta como esperaba. Lo quiere devolver y debe esperar a que te ingresen el importe. ¿Es posible que tras comprar un producto a través de internet y tener una mala experiencia, el cliente se decida por intentarlo en una tienda de su barrio?

 

Parece una paradoja, pero la inmediatez no siempre es buena consejera. No es poco habitual que haya un error con el envío de un producto o que no cumpla las expectativas de cliente al verlo en persona. ¿Entonces? Quizás no sea tan extraño que, si disponemos de diez minutos, adquiramos el mismo producto en un comercio local.

 

Las zonas de nuestras ciudades que viven al ritmo de los comercios pequeños van a desaparecer. Pero cada uno de esos locales tiene que hacer su parte. Los tiempos han cambiado y hay que salir a la calle (tanto física como digital), para llamar la atención de los clientes. Con cercanía, empatía y experiencias que les resulten atractivas y permitan generar vínculos.

 

Para lograrlo, la iniciativa del sector privado es fundamental. No sólo en cada local, sino con los comerciantes y sus representantes trabajando de manera asociativa. Pero también es clave buscar el apoyo de las autoridades locales y regionales, para que la puesta en valor del comercio esté articulada con el desarrollo de las ciudades y forme parte de las políticas públicas.

 

Las ventajas son la capacidad para generar conversaciones en el mostrador y la posibilidad de tocar los productos. Esa es la verdadera magia que permite que nuestras calles sigan vivas.

 

Fuente: Pymes y Autónomos.